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BICICLOWN: A RECUPERAR LA FORMA EN EL PAÍS DEL SOL NACIENTE

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Experiencias

“Ya ta” (que en Japonés coloquial significa eyaculación precoz) y que para mí significa que he llegado por fin a la tierra del sol naciente. Uno de los países más caros de la tierra. Recorro los supermercados con las manos en los bolsillos y con el deseo en cuarentena. Mal momento ha elegido el euro para desplomarse frente al yen. Hoy he visto una zanahoria por medio euro, 5 rodajas de pan de sándwich por 3 euros... Busco solo artículos en liquidación, como 5 tomates mustios por un euro. En fin es lo que tiene vivir encima de la bici por el mundo. Los hoteles ya ni los miro. Los japoneses no me miran a mí. Pasan de largo aunque no falta quien me da un poco de agua, naranjas, galletas. Al día siempre hay un samaritano. Como el chico que me metió en la casa de sus padres. Nunca un extranjero había pasado del umbral. La casa era tan pequeña que no había camas. Costumbre japonesa parece ser la de recoger los colchones de día , airearlos, y sacarlos a la noche. Las estancias son salas multiusos. Qué remedio en un país tan poblado. Mi mecenas tenía 26 años y el mes que viene iniciaría su vuelta al mundo en bici. Pura causalidad.

 

Recorro ahora la isla de Shikoku, una especie de camino de Santiago, pues hay 88 templos que muchos caminantes visitan en una travesía de 1400 kms. Hoy he pasado un grupo de 10. Ataviados con ropas blancas, simbolizando la pureza de espíritu, un palo de bambú y un sombrero cónico. En verano son como hormigas de nieve.

 

Me dirijo al sur, donde tal vez el frío no sea tan cortante. Los días son cortos y no hay mucho tiempo para pedalear. En Japón el sol parece no calentar es como parte de un decorado. Los pescados no huelen mal, los coches no pitan y se diría que las personas con las que me cruzan tienen los ojos de vidrio. Miran sin ver.

 

Trato de aprender las reglas de este país para no ofender a sus habitantes. Cualquier error no será objeto de reprobación, pues los japoneses son indulgentes y sonríen hasta cuando les pillan los dedos con la puerta, pero no quiero molestarles. Son tan suaves caminando como moviéndose. Aquí todo parece moverse en otra dimensión. Todo es más pausado y a mi pedaleo le viene bien, pues tras el parón para escribir he perdido la forma física. A duras penas llego ahora a los 75 kms diarios. Karma pesa demasiado y yo también. He ganado 5 kilos que debo trasformar en músculo para que me ayuden subiendo.

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