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Biciclown: Buscar en la basura es como tocar Jazz

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No es por necesidad. Puedo vivir sin saltar dentro del cubo de la basura. Si bien es cierto que muchos de los productos que allí se encuentran superan mi presupuesto y, de no hacer la inmersión subcubina, no los probaría. Pero no es por necesidad sino por convicción. Por rebeldía, por desacuerdo con un sistema y una sociedad que tira a la basura kilos (toneladas) de comida en buen estado. En Australia la ley de algunos estados prohíbe darlos a caridad y acaban en los contenedores. Incluso rociados con detergentes para evitar que los jóvenes que por la noche se sumergen en la basura para rescatar la comida puedan consumirlo.

En Brisbane conocí un grupo de personas que, un par de veces por semana, hacían la ronda nocturna. Me llevaron con ellos y regresamos a casa con 13 barras de pan, zumos, tomates, manzanas y fresas. Tras limpiar algunos productos, otros ni siquiera hacía falta, estaba listo para el consumo. Sólo visitamos una panadería y algún supermercado. Las dos cadenas más importantes en Australia, Coles y Woolworth cierran sus contenedores con candado. El grupo de Brisbane con el que vivi mi primera experiencia dumpsterdiving vive en una casa compartida y han montado un proyecto llamado Turnstyle. Recaudan fondos para proyectos solidarios y los miércoles compran comida a granjeros locales que no usan pesticidas. Al juntarse más de diez personas pueden comprar muchos productos a bajo precio. Más barato que en los grandes supermercados. Y comida orgánica. Por ese motivo no hacen la pesca en la basura a menudo. Para apoyar a los granjeros.
Estoy recorriendo otra parte de Australia muy diferente a la que me recibió hace casi seis semanas. Las cosas son un poco más fáciles. Las distancias menores entre ciudad y ciudad y encuentro amigos en el camino que me lo hacen más fácil. Tambien el haber terminado La Sonrisa del Nómada hace que disminuya la presión sobre mis hombros. Ahora me puedo concentrar en organizar presentaciones y eventos conmemorativos de mis próximos 7 años en ruta. Será el 19 de noviembre y para entonces espero haber llegado a los 100000 kms. Me gustaría también tener entonces 60 espectáculos pero organizarlo es, si cabe, más difícil que nunca. El Consulado de España en Melburne me dice por mail "Lamento comunicarle que desde el Consulado General de España en Melbourne no podrá colaborar en ninguna actividad. No estamos en contacto con personas desfavorecidas. Esperamos que su estancia por Australia sea fructífera. Laura Martínez encargada de Asuntos Culturales".

El Consulado de España en Sidney me ha respondido algo parecido y la Embajada de España en Canberra me confirmará en breve más de lo mismo. El Instituto Cervantes ha cerrado su programación de este año y sobre organizar mi conferencia en el 2012, el Jefe de actividades culturales me responde por fin: "Te daremos una contestación, como a todos los demás, más adelante". Es posible que su contestación me pille en Alaska. Mi proyecto no casa bien con presupuestos, programaciones cerradas ni burócratas de 8 a 3 a los que hay que escribir tres correos para recibir contestación. Las Embajadas, Consulados, Cervantes, Cruz Rojas Internacionales, Unicefes y demás maquinaria pesada en la escena cultural mundial que han colaborado con Miles de sonrisas alrededor del mundo han entendido la naturaleza rodante y ajena a un calendario del proyecto. Es como pedirle a un guitarrista de jazz que por favor no improvise y se someta a la partitura. Por eso el jazz no le gusta a muchas personas. Porque es impredecible, libre y espontáneo. Aún espero la respuesta a mi oferta de espectáculos que dirigí a la sede en Australia de la conocida ong Worldvision. Con tres libros publicados, uno más en puertas, cuatro documentales sobre el proyecto y más de 18000 sonrisas arrancadas en los lugares más recónditos de la Tierra, no me cabe duda de que el proyecto late tan fuerte como el corazón de quien escribe esta crónica mientras la lluvia arrecia. Uno va construyendo lentamente un castillo de sueños y risas, regado por un mar de lágrimas que hacen que broten, firmes y hermosas, nuevas rosas de esperanza.

Seguiré, de tanto en tanto, buceando en la basura y tocando las puertas de las Instituciones oficiales y Organismos públicos que divulgan la cultura española por el mundo. A veces uno se lleva sorpresa y, entre tomates podridos y plátanos machacados, aparece una hermosa berenjena que compensa el olor a podrido.


700 km al norte de Sidney, Paz y Bien, el biciclown.
P.D. El 24 de septiembre, coincidiendo con una movida mundial sobre el Planeta en movimiento, se hará el pase previo de La Sonrisa del Nómada para patrocinadores, co-productores y clownfunders que optaron por el Pack Pase previo.

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