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Biciclown: Cuando mirarse en el espejo no horroriza

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Experiencias

Esto que voy a contar ocurrió hace nueve años. Tras terminar de recorrer América del Sur regresé a Oviedo para preparar la vuelta al mundo (2004-2014). Para conseguir fondos actué de payaso en algunos festivales, como el de Feten en Gijón. Ese mismo día otro clown figuraba en el cartel. Era un hombre que venía de muy lejos: de Nueva Zelanda. Fraser Hooper tenía (tiene) mi misma edad. Su clown es elegante, entrometido pero cariñoso, cercano y juguetón. Comedido y efectivo. Yo no recordaba que Fraser vivía en la capital de Nueva Zelanda, Wellington, y a punto ya de abandonarla, hemos coincidido en un barrio llamado Newton. Allí me alojaban dos chicas españolas, de La Rioja, que no dudaron en compartir una cama para dejarme la otra. Varias veces había escuchado esta semana lo de: "Te invitaría a casa pero no tengo sitio". Tenemos demasiado: demasiado dinero, demasiada casa, demasiada ropa y hasta demasiado tiempo. Ocurre que no lo administramos con generosidad.

Fraser, el clown, me ha ofrecido también su casa: "No te preocupes mis hijos no te pedirán que les hagas jueguecitos. Odian a los payasos". Pero preferí ver de nuevo a Doetie. Sus nietos me estaban esperando. Doetie es la mujer que me hospedó hace semanas en Riverton, donde ofrecí una presentación de mi proyecto organizada por el pueblo con cariño y espontáneamente. Ahora ha venido a visitar a su hija a Wellington y me había invitado a su casa, en Island Bay. El sábado me esperaban y llegué demasiado tarde. Y también agotado. Y empapado. Temo que les decepcioné. El sábado un temporal se paseó por Wellington, arrancando marquesinas y rompiendo macetas y gafas: las que colgaban del manillar de mi bici. Suerte que Aitor de Spiuk ya está enviando unas nuevas para mí. Tenía tanto cariño a aquéllas gafas...; creo que llevaban conmigo cuatro años. Parecían irrompibles. La galerna consiguió incluso arrancar la bandera de Asturias de mi bici. Un día después, al mudarme de la casa de la hija de Doetie, rumbo al cuarto de las encantadoras Riojanas, pasé por el monte donde el viento arrojó mi banderita, que con tanto cariño elaboran para mí en el Centro Asturiano de Rosario en Argentina. Un viejo y empapado trapito, de color azul, me sonreía desde el suelo. Las gafas no las podría reparar pero al menos la bandera de Asturias volvía a lucir en Karma.

Fraser es uno de esos espejos que la vida tiene a veces la ironía de mostrarnos. Con 44 años es padre de dos criaturas de 11 y 13 años. Vive honestamente con su clown, viajando por el mundo, y su vida es un poco lo que la mía podía haber sido de no ser por una bicicleta. No, no hay arrepentimiento en estas líneas. Soy feliz a golpe de pedal, esculpiendo mi día a día en el camino, como cual escultor que inventa un hermoso rostro de un vasto y viejo tronco. Hay días en que el cincel se clava con más facilidad y otros en los que te martilleas el pulgar.

Ya he resuelto un par de problemas con el equipamiento que no me dejaba dormir tranquilo. Siempre lo he dicho que lo mejor de las esterillas Therma Rest es su garantía mundial y de por vida. Con nueva esterilla dormiré mejor. Ya sólo falta que me envíen el nuevo pasaporte y comenzar así los trámites de la visa para los Estados Unidos. Ahora me dirijo hacia Auckland, por la costa este de la isla norte. En busca de lugares solitarios en los que sentirme a solas. En los que saborear cada minuto que se escapa de la vida. Intentando vivir despacio, de sentir todos los olores, de llevar mis latidos al compás de la sinfonía número 1 de Bizet. En Wellington tuve la oportunidad de acudir a los ensayos de una orquesta local y era divertido ver cómo el director, Simon Brew, sacaba con sus manos las notas que los miembros de la orquesta de la ciudad de Wellington tejían con afán. Fue gracias a Caroline que pude asistir al ensayo. Me invitó a su minúsculo apartamento tras conocerme en uno de los últimos mercados a los que he acudido a vender La Sonrisa del Nómada. Se me acabaron los mercados porque se me acabaron los documentales. Ahora ya solamente se venden a través de www.paquebote.com. Por cierto su alma mater, Braulio, me ha escrito un correo interesante explicándome la política de precios de Correos de España: "Los gastos de envío para dentro de España de paquebote son de 4,99 euros, con independencia del lugar y de la cantidad de libros del pedido, es lo mismo pedir 1 que 100. Correos no discrimina entre un envío a tu propia ciudad o uno al pueblo más escondido de Lanzarote".

Es hermoso mirase en el espejo y reconocerse. Mirar hacia atrás y sonreír: tenemos muchos caminos pero debemos elegir el que nos haga sentir mas felices. No siempre es el que nos provee de más bienes materiales. Hay placer también en la renuncia. Por ejemplo imagínate vivir 5 días con apenas 1,5 USD al día. Más o menos 1 euro al día. Hay 1,4 billones de personas que lo hacen, y no 5 días. Lo hacen durante toda su vida. Les llaman pobres. Y sin embargo hay personas como D'Arcy que pudiendo vivir con más deciden vivir con 1 euro al día. Y además recorrer USA en bici con ese presupuesto. Y de una manera coherente. Como lo hacen esas personas a las que nadie invita a su mesa ni a su cama. Por eso D'Arcy no aceptará invitaciones para comer. Tratará de subsistir durante su aventura con 1 euro al día. No podrá tomar café, ni te, ni helados, ni atún, ni carne, ni...; aquí se puede leer algo más de lo que es vivir por debajo de la línea de la pobreza. Incluso inspirarse con algunas recetas de ajustado presupuesto. Y aquí el proyecto, valiente, de D'Arcy.

Paz y Bien, el biciclown.
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