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Biciclown: donde termina el asfalto

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Experiencias

Me detuve en Shangai (China) con la intención de escribir un nuevo libro. Tras tres meses de voluntario encierro no conseguí terminarlo. En Japón, aprovechando el invierno, continué la escritura. El año 2011 ha sido especialmente duro para mí, al tener que combinar la producción y realización del documental La Sonrisa del Nómada con el nuevo libro. Por un momento me vi haciendo malabares con siete bolas...; demasiadas. Pero perseveré y, en breves días, el nuevo libro saldrá a la luz. Aunque sin la ayuda de Marcos Cruz hubiera sido casi imposible. Desde hace años Marcos es la persona que me ayuda con la corrección de mis libros. Rastrea los puntos, las comas, los topónimos y antónimos, y hasta me sugiere nuevos enfoques. Confío poder conocerle un día en persona y darle las gracias como se merece: con un abrazo sin paréntesis ni kilómetros de por medio.

De nuevo he recurrido al estudio de David Torrents para el diseño. Ellos han hecho que el envoltorio sea tan precioso (o más) que el interior. Ya lo hicieron con mi anterior libro, Diario fotográfico de un payaso en África, y lo han vuelto a conseguir. Una portada que no dejará a la gente que encuentre mi libro en una librería indiferente. Este fin de semana ha sido especialmente duro pues todos han trabajado a destajo para conseguir que el libro salga a la calle un poco antes del 19N, el día de mi 7º aniversario de la Vuelta al mundo. Cuando veo en un mapa del mundo la línea que mi bicicleta ha trazado hasta llegar aquí me parece increíble. Una bici (bueno tres) no parece posible que llegue tan lejos. Cuesta creer que no hay sueños imposibles sino malos soñadores.

Mi Karma necesitaba estos días un poco de cariño. Alguien que le diera un buen repaso. Revisando mis cuentas he comprobado que la cadena lleva ya 14.000 kms. Demasiado hasta para una cadena Rohloff. Esos mismos kilómetros lleva mi rueda trasera, que Koos me llevó hasta Mongolia. Era tiempo de sustituir los radios y hacer un nuevo tejido. Aunque respetando los dos cruces que los de Rohloff proponen. Hacía falta un buen mecánico para hacerlo y, en Whangarei, encontré alguien con la sabiduría suficiente: Brent Love. Estudió mecánica de bicis en Colorado (USA) y es tan bueno con su trabajo que no necesita poner un letrero a las afueras de su taller, ni tener página web. Aunque me hizo un buen precio por su gran trabajo tenía que buscar los fondos para pagarle. Y la respuesta se encontraba apenas unos kilómetros más debajo de su casa. En la hermosa bahía de Whangarei. Los sábados hay mercado y Rob, el gerente, me permitió vender mi documental.

Para descansar estos días en Whangarei y terminar el libro he contado con la inestimable ayuda de la familia de Paul y Carroll. Un matrimonio con dos hermosas niñas, dos perritos, un gato y unas cuantas gallinas y patos, que son miembros de warmshower.org. Paul Doherty y Carroll llegaron a Nueva Zelanda desde Grecia en un barco de vela. Un viaje de tres años. He podido salir a navegar con Paul en ese barco y sentir en mi piel el baño de sal y el azote del viento. Enemigo habitual del ciclista en Nueva Zelanda y ahora aliado para que la diversión se prolongue en el mar.

Empiezo a contar las días que faltan para recibir a mi amigo Roberto en el aeropuerto de Auckland. Seré el 28 de noviembre. Días antes, el 19 de noviembre, él estará presente en una de las presentaciones que se organizan de La Sonrisa del Nómada en la península Ibérica. Será en los salesianos de Pamplona y gracias también a la ayuda de Agustín: mi gran amigo Agus. Si la técnica se alía de nuestro lado haremos una videoconferencia: Nueva Zelanda-Pamplona.

Hay más presentaciones organizadas y muchas más previstas. Puedes ver el listado aquí.

No lo quiero decir muy alto pero Nueva Zelanda es uno de los países más bellos que he conocido. Y gran parte se debe a la gente que me he ido encontrando. Generosa, hospitalaria y amable. Es difícil no sentirse cautivado.

Desde las antípodas, paz y bien, el biciclown.
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