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Biciclown: el Biciclown cumple 10 años en la carretera

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Experiencias

Todos los miedos del mundo se subieron conmigo a aquél avión que me dejó en el aeropuerto de La Paz (Bolivia) hace 10 años. Había abandonado un buen trabajo y no tenía ni idea de lo que me podía esperar. Lo peor en toda aventura es comenzar. Al estar solo todo depende de ti. No hay nadie con quien consultar las decisiones, ni nadie con quién compartir las dudas. Deseas llevar ya medio camino pero no es posible saltarse la introducción .Y ahora, diez años después, estoy a punto de llegar a Melbourne. En la otra punta del mundo.

Nunca imaginé que en bici se podía llegar tan lejos. Tal vez por eso lo he conseguido. Porque no me lo he propuesto. Ha sido algo natural. Una pedalada ha llevado a la otra. Un país ha abierto las puertas del siguiente y, casi sin desearlo, he llegado al sur de Australia. La determinación de hoy no es la del inicio. Hace diez años pedaleaba sin saber exactamente a donde iba. Ahora se a donde voy. Hay una ruta delante de mi que atrae poderosamente. No hay una puerta que franquear ni ríos que vadear. No hay viento lo suficientemente poderoso que pueda detenerme, ni suficientes pinchazos que acaben con mis parches. Hoy he tenido dos pinchazos en apenas dos horas. Hace años sería el mismo pinchazo que, simplemente, había sido mal reparado por mi. Hoy han sido dos pinchazos diferentes. Es importante analizar las causas de un pinchazo porque de ello puede depender que tengas más o menos. Al borde de la ruta, con todas las alforjas a mi alrededor, los coches me pasaban velozmente. Uno se detuvo y me ofreció llevarme hasta Melbourne. Sonreí. Era tan fácil subirse... Tenía hasta un carrito para meter la bici sin ni siquiera quitar las ruedas. Traté de no ofenderle pero rechacé su oferta. No lo puedo explicar pero llegar a Melbourne en coche es como ir a un sex shop para tener un orgasmo. No hay atajos al paraíso.

La ruta que me llama poderosamente la atención, y que he de recorrer en bici, no termina en Melbourne ni en Nueva Zelanda. Es el camino. Como comento en el documental La Sonrisa del Nómada: el camino es lo que me ha atrapado. La misma incertidumbre que hace diez años me atemorizaba ahora me atrae. He aprendido no sólo a vivir con la incertidumbre sino a amarla. Hace dos días la noche me sorprendió en la bicicleta. La lluvia, fina pero insistente, aconsejaba no detenerse hasta encontrar un techo. Me detuve en una casa a pedir agua esperando que me hicieran pasar. No ocurrió así y seguí pedaleando. Tras dos horas, ya de noche cerrada, llegué a un parque en el que otras personas con caravanas se habían detenido. Al verme aparecer empapado y desde la más oscura noche no daban crédito. Yo tampoco la verdad. Son de esas situaciones en las que no hay más salida que seguir hacia adelante. No vale la pena ni cuestionarse la locura. Hay que hacerlo porque la locura es hacerse preguntas.

Ayer sin embargo la escena se repetía: lluvia y la noche que se venía encima. Paré a pedir agua en una casa y media hora después sostenía una cerveza en la mano que, al terminarse, fue rápidamente reemplazada por una más fría aún. Hay que luchar todas las batallas y jugar con todas las cartas. La suerte de hoy no es más que el resultado del trabajo de ayer. La ruta que ahora me lleva hasta Melbourne comenzó hace diez años en Bolivia. Entonces el biciclown se puso de largo en una escuela pública de los salesianos cuyo director había sido payaso en su juventud. En Australia no he conseguido contactos para actuar pero he ido contando mi historia a cientos de personas en los mercados locales en los que me he detenido a vender La sonrisa del Nómada. Con ese dinero espero, primero pagar mis deudas tras la producción de la película y segundo financiar el viaje desde Nueva Zelanda hasta Alaska en abril del 2012.

Ahora llego a Melbourne donde el martes presentaré mi proyecto en un lugar alquilado por una persona que aún no conozco. Ella ha organizado todo. Será el martes en Ross House ubicadoen el 247 - 251 de Flinders Lane. Entrada libre pero aforo limitado. El viernes ofreceré otra presentación en casa de unas personas que conocí en un mercado de Australia y que desean ayudarme. Y el domingo lo haré para la colectividad asturiana.

Buscando siempre la Paz y el Bien, Álvaro el biciclown.

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