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Biciclown: Un dulce reencuentro en el camino

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Experiencias

Recorro las calles de Charters Towers buscando un negocio de telefonía. El pueblo es tan pequeño que si me despisto me salgo. Necesito internet. Estoy en las fases finales de edición de La Sonrisa del Nómada y debo revisar los últimos cambios. Es un momento crucial. Pero en internet hay menos internet que lluvia. No tengo otra opción que comprar un usb por 80 AUS. Pero además debo cambiar de ruta. Por donde yo venía, el interior, no hay internet. Sólo está disponible en la costa. Una ruta transitada permanentemente por coches y camiones. La Sonrisa del Nómada me hace cambiar los planes, pero no solo ella.

A la salida del negocio de telefonía encuentro otro viajero. No me lo puedo creer. Nos habíamos despedido hacía un año, en Mongolia, y el camino nos sitúa de nuevo frente a frente.

Pablo García, www.pedaleandoelglobo.com, lleva casi 10 años encima de la bicicleta. No hay tiempo que perder. Esa noche la luna alumbra nuestras batallitas que nos contamos en las afueras de la ciudad, en un parque donde por las mañanas los niños juegan.

Con su compañía la dureza de las etapas maratonianas es más llevadera. El viento es aún más fuerte que en el interior, pero al menos nos podemos dar algún relevo. Por la noche intercambiamos por igual historias que recetas de cocina. Los dos somos luchadores del camino y no queremos más medallas que los besos de una mujer.

Estos días el olor que el viento me acerca es dulce, a caña de azúcar. Enormes plantaciones en las que por las noches encontramos un lugar para acampar. Salvo algún día que tenemos la suerte de que los locales, como Mike en Ayr, o Tim en Mackay, nos convidan a un poco de lujo australiano: ducha caliente, carne y hasta una cerveza.

Si dulce es el sabor de la caña, no menos dulce es reencontrarte con un amigo del camino. El camino, la ruta, es lo que llevo escrito en mi piel. Esa es mi casa y allí me encontrareis.

Desde Mackay, Paz y Bien, el biciclown.
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