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Biciclown: una razón para volver

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Experiencias

Hacer un espectáculo a favor de las personas que son naturales destinatarios de mi proyecto. Esa es la idea con la que he regresado a Japón. Pero no es fácil. He escrito a una conocida Ong, savethechildren. No contestan. Repetí mi oferta de espectáculos gratuitos a la sede en Japón. No contestan. He escrito a mi Embajada en España. No contestan. Me detuve en NHK, la cadena oficial de televisión en Japón, y le expliqué mi proyecto a un periodista. Pareció interesado pero...; no contesta.

Sé que nadie me ha pedido hacer lo que hago. Soy, desde hace años, mi propio jefe. Pero descorazona un poco la falta de pasión. No obstante lo sigo intentando. Los obstáculos hacen que mi interés aumente. Conozco los efectos positivos de la risa. Los he visto en cientos, miles de personas. Reírse es la mejor medicina contra la depresión y acorta la distancia entre las personas. Y en Japón hace falta acortar esa distancia. Es uno de los 62 que llevo recorridos más fríos. No ya solo con el extranjero sino entre los mismos japoneses. A diario me cruzo con personas que les dicen a sus ojos que no me miren. Si en un lugar te puedes sentir solo es en una abarrotada calle de Kyoto. Japón no engaña a nadie. Es limpio, silencioso, respetuoso y frío. Me congratula saber que los amigos japoneses que voy haciendo lo ven así también.

Como Leah, una norteamericana con casi 40 años de estancia en el país del sol naciente. Su marido Hiroo lo siente también así. Shin, un couchsurfer que me aloja en Osaka, lo corrobora. Y eso que él es un gran anfitrión. Me llevó a cenar a un bar en el que la especialidad era el pollo. Se lo comen todo, hasta la cresta. Por la noche charlábamos al calor de vino de Nueva Zelanda cuyas uvas él mismo vendimió. Fue en la granja de un japonés que emigró al hemisferio sur para hacer vino. Al día siguiente el hermano del productor del vino, que vive en Oska, ofrecía una cata en su casa. Shin le llamó para que me invitara y la respuesta fue no. Shin estaba disgustado por la reacción de su amigo. Son sorpresas que a mí ya me pillan de vuelta.

En Osaka volví a ver a mi viejo amigo Daisuke. www.daisukebike.be, el japonés que recorrió durante once años el mundo en bici. Sus padres le apremian para que busque trabajo y Daisuke le saca polvo a la bici pensando si debe hinchar las ruedas y volver a la ruta que tantos amigos le ha regalado.

La carretera genera adicción. Renovando a diario tu horizonte es difícil someterse a una rutina. Lo nuevo, lo imprevisible, la incertidumbre, llenan de sangre el blanco de los ojos del nómada. Y digo nómada y no viajero. Los viajeros de hoy en día van de hotel en hotel y tiro porque me toca. Los nómadas, los que no saben donde dormirán mañana, son para mí los poetas del camino: empezando un Haiku sin saber como terminarlo. Como esta crónica.

Tras pasar unos días frente al mar interior de Japón, con Leah y Hiroo, pescando a la mañana, y trabajando en el campo a la tarde, he sentido que encontraba un lugar para mí. Fue solo un espejismo. Mi lugar aún está entre mis piernas. Es una bicicleta con la que trato de descubrir seres encantadores a mi paso: como Aimi que me aloja estos días en Kyoto. Con una casa de menos de 40m2 la comparte porque aprendió hace tiempo que para alojar a alguien no hacen falta alfombras persas sino corazones de terciopelo. Y ella lo tiene. Sueña con recorrer Japón en bici y lo hará. Como Mafa, una alemana que me compró la primera foto que vendí en la calle en Japón. Ocurrió después de que la policía me echara, con buenos e higiénicos modales, de la esquina donde lo intenté por primera vez. Mafa tiene, con apenas 20 años, la certeza de que viajará en bici. Sus ojos azules tienen el color del infinito.

Aún no me creo que el primer teaser de La Sonrisa del Nómada haya salido a la luz. No es más que el primero de una serie de entregas que culminarán con la película que esperamos salga en Septiembre. Fllmina está volcándose a tope en la ejecución y con la calidad que caracterizó A la velocidad de las mariposas, este nuevo documental será un éxito POPULAR. Por eso lo del clownfunding. Queremos y necesitamos que sea de todos. Sin vuestra ayuda es imposible.

Un día ventilaré las finanzas de lo que cuesta la Sonrisa del Nómada. De momento os pido que os unáis al proyecto. Necesitamos más productores, pequeños, grandes, virtuales o reales.

Con la sonrisa siempre a punto y el alma de terciopelo , Paz Bien, el biciclown.
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